Con Xavier Pellicer, anterior jefe de cocina del reconocido Can Fabes de Santi Santamaría, al frente de los fogones, Àbac se ha ganado en menos de una década el mayor de los reconocimientos en las altas esferas culinarias. El secreto del éxito, un continuo esfuerzo en innovar y sorprender apostando por el trabajo bien hecho y la máxima calidad, además de contar siempre con las materias primas más nobles del mercado, según apunta el mismo Pellicer.
La que fue casa de Madronita Andreu, hija del famoso doctor que creó las pastillas del mismo nombre, es la nueva sede de Àbac, ahora rehabilitada con un diseño vanguardista y un moderno mobiliario. Aunque algo oculto a los transeúntes, el local se convierte en un oasis tras traspasar sus puertas. Con un amplio jardín como carta de presentación, el restaurante se divide entre un salón principal y otras pequeñas salas modulares que pueden funcionar como salones privados de diferente capacidad. Todas las mesas, en forma elíptica para favorecer el mayor contacto entre los comensales, ofrecen, a través de grandes ventanales, vistas directas al jardín, que alberga durante las estaciones cálidas también varias mesas. Por su constitución y entorno, Àbac se convierte también en un espacio ideal para desarrollar eventos y celebraciones que quieran disfrutar de las más altas distinciones y servicios.
Cambio de local, pero continuidad en su propuesta gastronómica. De hecho, en el nuevo Àbac se siguen ofreciendo sus grandes clásicos. Desde su aventajada cocina de 200 metros cuadrados, Pellicer y su equipo de profesionales nos siguen deleitando con platos que ya han hecho historia, como el foie-gras al vapor de bambú, el tartar de champiñones y aguacate con buey de mar, la lubina salvaje con pimientos y salsifins al vino del Priorat y el cochinillo ibérico de Sierra Mayor y tatin de mango. La carta se completa con otros sorprendentes platos de temporada como los bombones de verduras y Bloody Mary, la ensaladilla de verano o los macarrones de boloñesa de bogavante. Los postres, con suculentas sugerencias como el vacherin con frutos rojos, así como su amplia bodega, compuesta de prestigiosos caldos internacionales, son otros de sus puntos fuertes. Para la gran mayoría de los mortales, para los que ir a un restaurante de estas características suponga una ocasión especial y poco habitual, es recomendable tirar la casa por la ventana y optar sin concesiones por su menú degustación (125 €).
El restaurante se complementa con un moderno hotel de cinco estrellas en un edificio contiguo al restaurante que hospeda 15 lujosas habitaciones con decoración minimalista, salones de reuniones, un completo spa y un agradable lounge bar abierto hasta después de la madrugada.
Autor:
Carlos Oliver. Fotos: C.O. y Jérôme Chapman
Una noche muy especial y sensual
El precio es el propio de un lugar que investiga y propone nuevas ideas al tiempo que combina una materia prima excelente con texturas y salsas. El menú degustación no te lo acabas. La atención de la sala muy atenta y siempre con una sonrisa. El sumiller nos sugirió un vino acorde a nuestros gustos y con la descripción que nos hizo, nos despertó todos los sentidos para recibirlo. El espacio es bonito y elegante y desde que entras por la puerta, te da calma para disfrutar y centrar la atención en el "banquete"... Creo que es un lugar para personas sensibles con gusto por las cosas bien hechas y los detalles.