Molino de agua del siglo XVII convertido hoy en un lugar de ensueño para cualquier huésped que se aloje en su interior. Los motivos son muchos: su proximidad al río Lozoya, sus bellísimas vistas (no sólo al río, sino también a un pequeño lago y a una cascada) o su mismo enclave, en plena Sierra de Guadarrama. Ofrece cinco habitaciones dobles con baño completo, dos salones, dos cocinas, terraza y jardín.
Son alojamientos de 60 metros cuadrados con vistas al exterior. Existen 16 plazas repartidas en cuatro alojamientos. Se requiere una estancia mínima de dos noches y admiten animales de compañía.