Desde hace escasamente un año, Comiols nos ofrece su peculiar revisión y actualización de una cocina ligada a la tierra, con tradición catalana y aires mediterráneos. Una extensa gama de sugerencias que, pese a su transformación, huye de jugar con la naturalidad de las materias primas, conservando en la medida de lo posible éstas en su estado original.
Su carta se rige más que por la temporalidad por la rotación y óptima disponibilidad de los productos frescos. Por ejemplo, actualmente el producto estrella son las setas, protagonistas de especialidades como los robellones medallón salteados en ajo y perejil o el arroz bomba Illa de Riu con perdiz roja de caza y setas de otoño. Otras recomendaciones actuales son el gratinado de patatas con butifarra negra y queso, o los raviolis de foie con caldo de gallina y copos de Idiazábal, como entrantes; pescados como el morro de bacalao 45 grados, hummus de garbanzos e infusión de olivas negras; y carnes como el mar y montaña de pollo de payés con gambas de Palamós. Especiales son también sus postres artesanos. La voluntad de ofrecer una cocina de raíces caseras abarca hasta el pan, elaborado también por ellos.
A mediodía ofrecen dos menús, el Chef (a 21 euros) y el Ejecutivo (16 euros), ambos basados en el aperitivo del día y un segundo plato de temporada más postre. Su bodega es también interesante, con casi un centenar de referencias nacionales y de importación escogidas de forma personal.
El local es, como su gastronomía, moderno, vanguardista y diáfano. El arte juega un papel importante en su decoración, con esculturas y cuadros, destacando los del reconocido pintor catalán Hernández Pijoan, padre de Quim.
Para comidas familiares y de empresa cuentan con un salón privado para una decena de comensales.
Autor:
y fotos por Carlos Oliver