Se encuentra situado, por tanto, en el área de influencia turística de las Reales Atarazanas, de la Iglesia-Hospital de la Caridad, de la Plaza de Toros de la Maestranza y su Museo Taurino, de lugares tan típicos como la Lonja y el Arco del Postigo, y de la cultura con el citado coliseo de El Arenal. Su cocina y su decoración, no obstante, trascienden de los tópicos sevillanos.
Los productos son nacionales, seleccionados por su calidad, lo habitual en la mesa andaluza y española. Aunque la sorpresa no viene con los ingredientes (verduras, carnes ibéricas, pescados y mariscos…), sino con su preparación y presentación al comensal, donde sí difiere de los cánones locales dejándose querer por el minimalismo, la modernidad y las influencias internacionales. De hecho, en Atarazana te familiarizarás con términos como teriyaki, cous-cous y otros muchos que se adaptan a los sabores más familiares por estas latitudes.
La carta de platos que resultan de la cocina que dirige Tato Guerra incluye entrantes como la velouté de espárragos, huevos de trucha, colitas de gambas y chaud-froid; pescados como el sofrito de tomate pasaje con trinxat de arenques y reducción de Módena; o carnes como el lomo de conejo rustido, con cigalitas al aceite de naranja; aunque también propuestas para compartir como los cilindros de foie micuit, garum y gelatina de p.x.; y en la opción vegetariana preparados como los ñoquis de espinacas y patatas.
Existe un menú degustación que incluye dos entrantes fríos, un entrante caliente, un pescado, una carne, un prepostre y un postre, por 37,50 € por persona (servido a mesa completa). Para acompañar, su excelente bodega se encuentra organizada por climas con las referencias inevitables y con otras menos ortodoxas (en total más de 50), donde tienen cabida tintos, rosados, blancos, generosos y espumosos.
Las tonalidades e iluminación del comedor, junto con la línea de diseño escogida para el mobiliario, corresponden a la distinción gastronómica de lo
Autor:
Miguel Galán y fotos por Atarazana