Jean Laurent era un francés enamorado de Madrid, donde residió desde su juventud. Los historiadores no saben determinar si ya hacía fotos en su país. Lo cierto es que donde desarrolló su talento en este arte fue en España.
A mediados del siglo XIX ya estaba metido de lleno en este nuevo negocio, en este "invento moderno", que era entonces la fotografía. Empresario avispado, en 1851 solicita en el Registro de Patentes un nuevo sistema para colorear fotografías. El retrato estaba de moda y, cualquiera que tuviera un dinero ahorrado, gustaba de tener una placa con su imagen y la de su familia. Laurent fotografía a sus personajes con el rostro y el cuerpo levemente ladeados.
Su fama como retratista corrió como la pólvora, tanto que la Casa Real requirió sus servicios. De aquella época son las imágenes de Isabel II o de Sor Patrocinio, la monja de las llagas que quitaba y ponía ministros a golpe de pseudo-trance.
Pero Laurent no se quedó en el estudio: en los años sesenta comenzó a fotografiar las obras del Museo del Prado y de otros museos. Y en 1858 le surgió un encargo que le llevó a fotografiar paisajes. Después surgirían sus ediciones de la Guía de España y Portugal. Era un buen fotógrafo y mejor empresario.
En 1881 Laurent, que tenía entonces 64 años, decidió retirarse, dejando el negocio fotográfico en manos de su hijastra y su marido. El negocio iba bien, pero en 1900, las deudas acumuladas les obligaron a vender la empresa.
El Estado Español adquirió sus fondos en 1975 y, años más tarde, encargó su custodia al Instituto de Patrimonio Histórico Español.
Hoy podemos ver parte de estos retratos de madrileños en el Museo Municipal de Madrid, hasta el 1 de mayo.