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  1. Restaurante, wine bar, sala de catas y presentaciones, biblioteca. Monvínic tiene todo lo que un aficionado al vino puede desear. El empresario Sergi Ferrer-Salat se encuentra al frente de tan novedosa propuesta, que reúne a profesionales y aficionados en torno caldos de todo el mundo en un marco ultramoderno que no huye de la tecnología para acercar una de las bebidas más antiguas.

    En la zona de restaurante, los comensales se sientan en torno a dos largas mesas con capacidad para 32 personas. Para comer, cocina tradicional, mediterránea, pero adaptada a los tiempos. Para beber, cualquiera de las más de tres mil referencias de una ingente bodega abierta al ancho mundo, para lo que el comensal cuenta con el asesoramiento de notables sumilleres.

    Si solo se desea tomar una copa -o incluso menos-, hay que acudir al wine bar, un espacio donde empaparse de cultura del vino.

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  2. Más de un centenar de comensales pueden disfrutar a la vez de las novedades que para la restauración sevilla supone encontrarse con creaciones como el pastel de cabrales con mermelada de higos, la bolita de cebolla picante al curry con salsa de yogur o el erizo gratinado con un toque balsámico. Se degustan en la barra o en las mesas, pero, en cualquier caso, siempre con absoluta informalidad.

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