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Situado en el Hotel Pulitzer, en el corazón de Barcelona, Visit ofrece cocina de temporada en su sala invernadero o en su jardín si el tiempo acompaña. Déjate aconsejar por el maître sommelier y por un equipo de camareros joven y profesional que sabrán recomendarte los mejores platos. Platos preparados con los productos más selectos y saludables y propuestas como los raviolis de acelga con mascarpone, pasas y piñones -para empezar la degustación- y el tataki de atún marinado en soja y sésamo con espuma de jengibre. Al terminar, te invitan a degustar un cóctel en el Visit Cocktail Bar, bajo ritmos de electro-jazz y bossanova.
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Este pequeño y coqueto restaurante del Hotel Orfila, el primer Relais & Châteaux de Madrid, ocupa un palacete de mediados del XIX y resulta cita obligada para los amantes de la buena mesa. La delicadez y buen gusto decorativos se aprecian incluso en su terraza acristalada, con vistas a un jardín repleto de vegetación. El romanticismo se palpa en este Jardín todas las noches del año gracias al suave jazz, la luz ténue y las velas, de ahí que dispongan de un menú romántico que incluye media botella de champán.
En la carta se encuentran platos de la cocina mediterránea con el toque personal de su chef como la ensalada de colores, las ostras con gelée de gin-tonic y la sopita de chocolate con espuma de natillas. Estos platos se maridan con una bodega de corte moderno y referencias de pequeños productores, pareja a la filosofía Relais & Châteaux, en la que, por supuesto, no se olvidan del champagne. -
Una carpa y una terraza al aire libre en un agradable patio interior, música de ambiente, plantas, palmeras y una piscina de fondo... ese es el panorama que te encontrarás en El Jardí de l'Àngel, un remanso de paz en el ajetreo de la ciudad. En la terraza, tapas y aperitivos como las torradas de pan de payés con embutidos; patatas bravas, anchoas o berberechos. Y en la carpa, y de la mano de su chef, Josep Jorba, cocina mediterránea con propuestas catalanas. Un ejemplo serían los ravioli de verduritas con vieira a la plancha y mermelada de tomate, sus sabrosos arroces o el chuletón a la piedra.
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Un luminoso, moderno y funcional restaurante que cambia su carta en función de la estación. Así, en verano nos encontramos con la ensalada Claravía y el brownie de chocolate. Respecto a su elaboración, no hay trampa ni cartón, ya que su cocina está abierta a la vista del comensal. La capacidad de modular el espacio lo convierten además en idóneo para grandes grupos.
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El cuidado Hotel Villa Emilia acoge Zinc Bar, un espacio donde se puede desayunar, tapear, comer, cenar y, especialmente, tomar una copa. Cócteles, vinos, cavas, champagne, güisquis y licores saben mejor en un entorno como el que nos ocupa, de puro diseño.
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El restaurante Marina es otra de las propuestas interesantes del Hotel Arts. Ofrecen menús mediterráneos, con excelentes pescados y mariscos y postres deliciosos. Ojo, Marina sólo abre desde principios de primavera a finales de verano.
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El asturiano Jaime Santianes no ha podido evitar la tentación de llamar a su segundo restaurante con su propio apellido. No en vano, por más que el local resulte novedoso por su modernidad y amplitud, su cocina sigue la estela marcada con El Rus: creaciones propias con un buen producto como base y ahora mayor cantidad. Sashimi de atún con mantequilla de dátiles, vinagreta de soja y crujiente de maíz; fideuá de gambas con aroma de soja, jengibre, espuma de mayonesa y tosaka aka; y solomillo ibérico con parmentier de patata, tomates italianos, habitas tiernas y aceite de orégano son algunos de los ejemplos de su hacer.
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El chef de Les Finestres de Llúria, y todo su equipo, cuida a diario el detalle de sus platos para ofrecer a sus clientes una variada carta de temporada basada en una cocina mediterránea y tradicional sin olvidar un toque de actualidad. Una cocina sencilla pero elaborada con cariño. Les Finestres ofrece un servicio de WiFi gratuito para clientes y existe un parking publico en el mismo edificio. Requiere reserva previa.
