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Como buen representante de la comida madrileña, este restaurante parece estar anclado en principios de siglo. En un ambiente tranquilo, se pueden degustar los mejores platos de la alta cocina madrileña, como los callos, los calamares en su tinta, el rabo de toro, la gallina en pepitoria o la lengua estofada. No tiene más misterio que el sabor de lo antiguo bien hecho. Pero su carta no se queda ahí. También podemos deleitarnos con platos de la alta cocina creativa, como la lubina con costra de tomate y mousse de almendras o el bacalao con cebolla confitada.
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Aunque la tradición no hace que los asadores sean lugares que atraen a los más jóvenes, aquí está la excepción que rompe la regla. En este segoviano, el tapeo tiene tanto éxito como los asados. Destacan los pimientos, los chorizos y las tapas de jamón y queso. En el comedor: el cordero y el cochinillo asado.
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Exquisita cocina servida en un ambiente de película ¿Qué más se puede pedir? Pues la garantía de un buen cocinero como es Abraham García, que pone todo su arte y su experiencia en sus platos. La decoración, homenajeando al mejor celuloide de Buñuel, se respira ya antes de entrar, desde la fachada. Amplísima carta de vinos, con presencia de los caldos más exóticos. No te pierdas en temporada el ajoverde (ajoblanco de pistachos) y el gazpacho de fresones con arenques del Báltico marinados.
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Zalacaín es el mito de los restaurantes, la máxima expresión del lujo y la calidad en la cocina. Si a la exquisitez de los ingredientes se une la cuidadísima presentación de sus platos y un buen vino, el éxito está garantizado. Este restaurante de renombre, que ha servido en su mesa a grandes personalidades españolas y mundiales, sirve alta cocina de temporada, con toques vasco-navarros. Entre sus especialidades de cocina venatoria, encontramos delicias tales como la becada asada en su jugo con paté de sus entresijos, la tórtola con salsa de chocolate o las codornices con picadillo de chicharrón y trufa negra. También puedes apostar por su menú degustación. Imáginate el ambiente, de lo mejorcito. Eso sí, el lujo se paga.
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Jockey se ha adaptado a la nueva cocina, y ha sabido compaginar perfectamente la tradición que le caracteriza con la innovación que demanda el público. No por esto pierde su encanto de siempre, y su exquisitez. Sigue conservando, como parte de su decoración, los motivos hípicos que dan sentido a su nombre.
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La calidad de un sitio no se consigue por casualidad sino gracias al esfuerzo continuado por ofrecer siempre lo mejor, y El Amparo se ha hecho un hueco entre los restaurantes más destacados de Madrid debido a su dedicación. El jefe de cocina nos ofrece una carta en la que se dan cita platos clásicos de la gastronomía española y otros más innovadores. Como entradas destacan las cigalas salteadas con raviolis de queso, miel y romero. Entre los primeros, callos a la madrileña. Entre los segundos, mero con callos y sepia o lechona asada con manzana y membrillo. De postre, pastel imperial de chocolate con helado de café con leche y teja de café con leche con espuma de citronela o souflé caliente de giandugia (chocolate de frutos secos) con crema helada.
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Si te gusta la comida de caza este es tu sitio. Sus orígenes germanos se reflejan en sus platos dándole el toque inconfundible de las costumbres alemanas. Destacan entre sus sabrosos platos la perdiz asada con uvas en hoja de parra, el pato salvaje, el lomo de ciervo braseado con romero o el civet de liebre. Y para terminar con buen sabor, alguno de sus postres, como el strudel.
El servicio, de la vieja escuela.
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La parrilla de Cuarto y Mitad tiene cada día que trabajar duro para asar todo tipo de carnes. El gusto que dejan las brasas en la carne es su punto fuerte. El acompañamiento suele ser alguna ensalada ligerita para compensar. Poco recomendable para vegetarianos.
