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  1. La Bodega Fortuny es un local con mucho encanto. A mediodía hay menú y por la noche una variadísima carta, en la que destacan las propuestas mediterráneas, vegetarianas y platos propios del recetario internacional (hummus y tabule, ensalada de lentejas y griega, ceviche de mero, pollo al comino o redondo de ternera con salsa de alcaparras). Entre la clientela hay de todo, gente del barrio, artistas y estudiantes. Gran amplitud de miras en lo que a música se refiere, un abanico de sonidos que incluye música negra, techno, hip-hop, y cualquier cosa que, como mínimo, sea interesante, independientemente de su estilo u origen.

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  2. La historia del Marsella comienza en el 1820 y aún conserva el espíritu bohemio de la época. La bebida reina es la absenta, un licor de orígen francés que se popularizó entre los artistas de las vanguardias europeas. Fueron clientes de este bar genios como Picasso, Gaudí,... Hoy en el Marsella se reunen tertulianos, jóvenes alternativos, parejas que buscan intimidad, extranjeros y nostálgicos del 68 francés.

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  3. Situado en un entorno privilegiado y en una zona tranquila, se encuentra este bar que cuenta, entre otras cosas, con una terraza de verano, desde la que se puede contemplar la belleza de los edificios de la zona y disfrutar de los conciertos que se ofrecen en la plaza mientras se toma un café o un refresco.

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  4. El Café de l'Academia es un pequeño y discreto restaurante recomendable por su situación y por su oferta gastronómica. De entre los platos que componen la variada carta merecen ser destacados: el timbal de verduritas con cansalada y costra de parmesano, la pintada rustida con gratén de patatas y salsa de plantas aromáticas, el bacalao con tomate confitado y muselina de ajos escalibados con azafrán o los postres de la casa.

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  5. Can Lluís ofrece a sus clientes una variada carta, un menú económico a mediodía y un menú degustación, para dos personas como mínimo, todo el día. Entre sus propuestas destacan la fideua al estilo Gandía, el bacalao a la antigua o el suquet de l'avia. El local forma parte de una finca antigua, tiene dos comedores y el servicio es profesional y amable.

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  6. Los Caracoles es un popular restaurante, fundado en 1835, muy conocido por los paseantes de Ciutat Vella. Nada más entrar nuestra mirada se tropieza con un grill, que es casi un emblema del restaurante, donde se asan pollos a la leña de encina. Jamones, ajos y botas de vino trabajadas por el tiempo cuelgan del techo. Se puede elegir entre muchos platos y tapas, pero no te pierdas la paella mediterránea y el cochinillo asado... acompañado de un pan que tiene forma de caracol. Y si nos sentimos algo solos podemos recorrer la historia del local a través de sus fotografías.

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  7. Local sencillo, minimalista, con un ambiente cálido y agradable, apto para todo tipo de públicos, en el que abundan los extranjeros residentes en la ciudad y los artistas, y en el que se sirven originales pizzas y variadas ensaladas. Entre las primeras destacan la pizza Verónica, como no, con manzana verde ácida que, en contraste con queso Gorgonzola, deja un especialísimo sabor de boca; las de escalibada de berenjena, o de queso Roquefort con nueces. Entre las ensaladas, la de carpaccio de hinojo aderezado con limón, aceite de oliva extra virgen, pimienta y virutas de queso manchego.

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  8. La Cocotte Minute es un representante en Barcelona de los dinners de New York, establecimientos donde compras la comida con la posibilidad tanto de comerla allí mismo como de llevártela a casa. Puedes degustar platos definidos por su cuidada elaboración, provenientes de culturas gastronómicas tan diferentes como son la libanesa, griega, marroquí, mexicana, thailandesa o indonesia, además de algunas especialidades catalanas y de elaboración propia.

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