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  1. La Bodega Fortuny es un local con mucho encanto. A mediodía hay menú y por la noche una variadísima carta, en la que destacan las propuestas mediterráneas, vegetarianas y platos propios del recetario internacional (hummus y tabule, ensalada de lentejas y griega, ceviche de mero, pollo al comino o redondo de ternera con salsa de alcaparras). Entre la clientela hay de todo, gente del barrio, artistas y estudiantes. Gran amplitud de miras en lo que a música se refiere, un abanico de sonidos que incluye música negra, techno, hip-hop, y cualquier cosa que, como mínimo, sea interesante, independientemente de su estilo u origen.

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  2. Un italiano con múltiples sugerencias apetecibles: raviolis, tagliatelle, pizza -generosísima-, antipastos, carpaccio, insalata y en especial la ensalada de mozzarella y tomate, rissotto, gelatto. Sirven menús de mediodía.

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  3. La Flauta recibe su nombre del que sin duda es su producto estrella: un bocadillo preparado con una barra de pan muy fino y recién horneado, relleno con gran variedad de ingredientes. Aparte de sus más de 200 tipos de flautas, tienen tapas, ensaladas, menús y platos a la carta.

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  4. Situado en el popular barrio del Born, este café se distingue por ser un local tranquilo donde disfrutar de la lectura, de la gastronomía, de la música... Cuenta con una variada oferta de diarios y revistas y en su carta destacan: las cremas, la ensalada de espinacas, la terrina de verduras, los quiches, el roast beef de la casa, el pernil de Gla y los postres caseros. Sirven platos del día, menús y cuentan con una buena selección de caldos y cavas.

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  5. Cualquier hora del día es buena para respirar el acogedor ambiente de La Fourmi, un pequeño y popero local empapelado de pósters y carteles de cine donde los mediodías saben a platos tan "informales" y económicos como las ensaladas, los "naans", los makis, tortillas y noodles, aunque también resulta idóneo para desayunar o tomar un café a media tarde.

    Su carácter cambia por las noches, sin embargo. La tranquilidad da paso al ajetreo de la música de fondo, que su variopinta clientela gusta combinar con copas y cócteles (especialmente mojitos y caipirinhas, especialidad de La Fourmi).

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  6. Entre butacas, sofás y veladores se desarrolla el bohemio ambiente de La Cigale, un acogedor espacio decorado con viejos espejos, relojes antiguos, fotos añejas y maquetas de coches de época. Como es de imaginar, no son los más jóvenes quienes pueblan sus asientos, sino los que ya han cumplido los treinta, que se arremolinan para disfrutar de largas conversaciones.

    Además de charlar, en La Cigale se pueden retomar fuerzas a base de ensaladas, tablas, tortillas, woks, hamburguesas y postres caseros. Después –mejor si es antes de las 22 h., porque sale más barato- puede disfrutarse de música de calidad mientras se paladea un cóctel.

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  7. Uno de los pollos al ast más famosos de Barcelona se cocina en los fogones de este restaurante. Típica tasca del Raval con solera de más de 20 años, su carta se consolida con las especialidades de la cocina de mercado, raciones abundantes y un servicio al cliente cercano y llano, de los que te hacen sentirte como en casa.

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  8. Un local de pequeñas dimensiones pero con una gran oferta de comida vegetariana. En este buffet libre podrás comer hasta que el cuerpo aguante, ya sea en la barra que tienen en el local o bien, donde prefieras, ya que también la preparan para llevar. Una gran opción para los que no tengan muchas ganas de cocinar y a su vez quieran comer de la manera más saludable.

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