No en vano, Berrocal sirve tempranos desayunos, tapas al mediodía, comidas, cafés y dulces, ligeras cenas. En todo caso, a la manera tradicional de Sevilla en cuanto a ingredientes, combinaciones y presentaciones. Sus tapas van de la más tradicional a las licencias más ingeniosas.
Ocupan siempre su carta entrantes típicos como la ensaladilla, la jarria (así llaman aquí al salmorejo, que también acompaña a las berenjenas o la tortilla de patatas), las ensaladas (la barbateña viene servida con generosidad), las bolitas de papas con queso; hay raciones de friturilla sevillana, revueltos de jamón, de bacalao, de setas, el popular bartolo (versión del flamenquín cordobés), filetitos al queso e incluso platos contundentes como su chuletón de toro. Entre los postres hay que mencionar el flan y la tarta de galletas (que mejor se debería llamar de chocolate con galletas, riquísima). Además, se producen incorporaciones de temporada como la carne de caza y las setas en invierno, las muchas posibilidades del bacalao en la Cuaresma (pruébalo en los pimientos rellenos), cuando también sirven torrijas, la ensaladas de pollo y frutas del verano…
Tampoco hay que olvidarse de su bodega, especializada en vinos españoles.
En correspondencia con sus tapas y raciones, la decoración del local se basa en los colores albero y terracota, muy típicos de Sevilla, tanto en sus paredes (de las que cuelgan carteles de festivales flamencos y citas taurinas, así como imágenes de la Sevilla de principios del siglo XX) como en el mobiliario, que repite el aroma tradicional y antiguo que envuelve su interior. También tiene veladores en la acera de la calle Moratín, algo escondida pero muy céntrica, entre la Plaza de la Magdalena y la Plaza Nueva. Esta accesibilidad completa las razones por las que Taberna Berrocal es un buen lugar para reponer fuerzas en el día a día, un establecimiento de batalla para su diverso público, que encuentra en ella las tapas y raciones más sevillanas.
He estado en varias ocasiones
He estado en varias ocasiones en este local y me ha llamado la atención fundamentalmente la falta de limpieza de las instalaciones y el mal servicio. Además, la última vez pedimos torrijas y nos pusieron unas que debían de estar hechas desde la semana anterior, estaban secas, tiesas y parecían que las habían hecho con agua y azúcar en vez de con miel, que por supuesto es mucho más cara. Nos las cobraron a 3 euritos cada una, un robo. Por si fuera poco, el bar está situado en una calle estrecha y con bastante tráfico. Si te sientas dentro el humo de los fumadores no te deja respirar y fuera te tragas el humo de los coches y furgonetas que pasan continuamente.